Los recuerdos son la máquina del tiempo con los que escribimos nuestro cuaderno de bitácora. Tan imprecisa e imperfecta que sólo requiere un pequeño e involuntario estímulo para hacernos viajar a través de un mar encrespado y sombrío.
Pese a eso volvemos allí agitados y sacudidos por la tormenta de grises nubes que violentan nuestras aguas y que son como Parténope llamando a Ulises. Sabiendo que acabaremos ahogados si nos dejamos llevar, si sucumbimos al masoquista deseo de nuestros demonios sin un mástil al que amarrarnos para no caer al agua.
Pretender que no haya tormentas al viajar por nuestro pasado está fuera de nuestro control. Lo más definitivo es agarrarnos a aquellos que nos hacen fuertes y nos convierten en héroes venciendo a los fantasmas del pasado.


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